Esta es una visión personal que está basada en mis vivencias y siempre debe de ser cuestionada por la experiencia personal de cada uno.

Continuando con la serie de posts dedicados a la formación gastronómica y habiendo intentado aportar algo de luz en las dos primeras cuestiones.

¿Es necesaria la sobresaturación de oferta formativa que hay hoy en día por ejemplo en Alicante?

¿Realmente hay suficientes alumnos para cubrir las diferentes ofertas formativas?

 

Hoy intentaré responder a la tercera pregunta.

 

¿Tenemos una oferta de calidad, basada en formadores cualificados?

 

En esta ocasión la cuestión se complica debido a las diferentes áreas que abarca, intentaré responder a esta cuestión con la mayor honestidad posible y la mayor sinceridad.

La respuesta sigue siendo NO, y lo cierto es que hay grandísimos profesionales que realizan un trabajo impecable.

En mi caso yo empecé a dar formación hace unos cuatro años, nunca lo había hecho antes y jamás recibí ningún tipo de formación para poder ejercer como formador y esto es más fallo mío que de nadie.

Y es aquí donde radica el problema, en un importante número de casos los formadores carecemos (a no ser que nuestras inquietudes personales nos lleven a ello) de los conocimientos de como impartir una clase, objetivos del curso y forma de impartirlo, en ningún caso hablo de nuestros conocimientos cómo profesionales de la cocina que supuestamente están demostrados.

Pero para ser formador gastronómico hacen falta dos cosas:

Primera, saber cocinar (que para lo único que te cualifica es para ser cocinero) y segunda y mucho más importante, ser capaz de transmitir esos conocimientos a los alumnos de manera que sean capaces de ponerlos en práctica (recordemos que el nivel de un formador lo marcará siempre el nivel de sus alumnos) y esta segunda parte es la que se echa muchísimo en falta hoy en día en la formación gastronómica (y en muchas otras).

Los formadores tienen que ser capaces de transmitir conocimientos y no sólo, ser capaces de vomitar (perdón por la expresión) esos conocimientos delante de una audiencia a ver quién se queda con algún conocimiento que puedan aplicar mañana en su puesto de trabajo.

Creo que es algo sobre lo que tenemos mucho que pensar y trabajar si queremos de verdad tener una formación de calidad.

Dicho todo esto y teniendo en cuenta que la formación es importantísima para el sector gastronómico y para cualquier otro, creo que debemos plantearnos seriamente si es necesaria una oferta formativa a cualquier precio por el mero hecho de estar de moda.

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